El paraíso encantado de Dialamkoto en Senegal

Actualizado: mar 24


Dialamkoto, Diannah, Casamance, Senegal

Todas las historias que llevan el adjetivo “encantado/a” empiezan con una historia de amor. Puede sonar demasiado empalagoso pero los mejores relatos guardan un trasfondo que apela al corazón, la pasión y el cariño.


Tras cuatro meses desde nuestra visita a Dialamkoto no he sabido cómo empezar a escribir. Le he dado vueltas en la cama, en la ducha, mientras viajaba, en la calle, en el mercado, en la selva... ¿cómo explico a los lectores de BWBP lo increíble y mágico que resultó Dialamkoto? La conclusión es que no se puede explicar: hay que ir y vivirlo para comprender un mínimo de lo que os voy a hablar a continuación.


Para que se ubiquen en el mapa busquen Senegal, en la región de Casamance hagan zoom en Diannah y pongan la visión satelital. Verán un infinito verde selva… A media hora andando por un camino de tierra roja y charcos en época de lluvia se encuentra la increíble playa de Diannah. Y a menos de diez minutos en la dirección opuesta podemos descubrir uno de los brazos del río Casamance lleno de manglares inexplorados con una energía especial. En esta preciosa localización comienza nuestra historia.


“Dialamkoto” significa “bosque sagrado” en mandinka. Y es mucho más de lo que toda persona pueda esperar encontrar después de cruzar la frontera con Gambia por Jiboro-Seleti, bajando hacia Dialoulou, en un viaje en gele-gele lleno de baches y calor. (En Senegal se habla wolof, pero su cercanía con Gambia hace que las lenguas se mezclen creando un panorama rico en dialectos muy divertido de aprender).


Allí conocimos a María y a Samba, una barcelonesa y un sant louisiano que se enamoraron sin querer. Juntos han comenzado un proyecto ecológico que no tiene límites, mezclando la cooperación con el turismo sostenible han hecho de este paraíso un lugar encantador.

La aventura de los inicios siempre es dura y divertida. Tras encontrar un bello terreno lleno de árboles de cajou (de donde salen los frutos de los anacardos) se instalaron en una jaima mauritana junto a Dexter, el perro viajero de Barcelona. Peludo y blanco como la nieve (nada que ver con los perros de Senegal), el tío se mantiene fuerte después de algún que otro susto con jabalíes y otros canes africanos.


María es una chica joven que se dedica a la cooperación. Trabaja en Kafountine, donde llegó en un principio apoyando un proyecto de alfabetización de mujeres. Allí estuvo viviendo dos años con Samba hasta que decidieron buscar algo en la zona para crear su propio hogar y comenzar el sueño que tenían entre manos. Un amigo les habló de Diannah y, al encontrar el bosque encantado, decidieron quedarse sin dudar.


Ku Bëgg lem ñeme yamb. / “El que quiere miel tiene que afrontar las abejas”


¿Y cómo es llegar y comprar un terreno en Senegal? Fue la primera pregunta que le hice a María con curiosidad… ¡La respuesta escondía toda una historia de tiras y aflojas con la comunidad! El lote se encuentra en el territorio Diannah, pero muchos dicen que es territorio del municipio de Kafountine. Con las fronteras diluidas y una selva sin delimitar, lo mejor es hablar con las familias del pueblo y acordar todo bajo la supervisión del chief de village (el alcalde tradicional).


Tras gastar todos sus ahorros en el terreno casi les cambian el lote cuando ya lo habían elegido. Estas cosas, aunque sorprenda, ocurren con naturalidad y hay que ser muy estricto con los tratos que se apalabran sin un papel que lo avale. Pero claro, ¿qué papeles pueden delimitar un trozo de selva sin escrituras?



María en la cocina de Dialamkoto

La historia no termina ahí. Una vez comprado el terreno, el primer día que fueron a empezar su proyecto, el marabú vecino les había vallado su lote para quedarse con los árboles de cajou.


(María me explica que los marabúes son profesores de Corán. “En sus inicios vivían en el campo y las familias enviaban a sus hijos para tener una educación, estos trabajaban en el campo y aprendían los textos coránicos. Con el paso a las ciudades, se cambió el trabajo agrícola por la mendicidad, que es más rentable. Son las propias familias las que envían a los niños, a veces por necesidad -falta de medios para mantenerlos-, otras por desconocimiento -creen que su Marabú es bueno, y al estar en pueblos lejos del suyo de origen no ven la realidad-. Cualquier maestro del Corán -bueno o malo- se llama Marabú”.)


Apelando que esos árboles eran suyos, surgió una discusión que casi llega a mayores con un familiar del marabú amenazando a Samba machete en mano. Gracias a Allah que no pasó nada, ya que la intervención del chief de village consiguió calmar las cosas y permitir que nuestros anfitriones se quedaran con el terreno en el que tanto habían invertido.


¿Lo positivo del encontronazo? ¡Consiguieron el terreno vallado gratis y sin esfuerzo! No hay mal que por bien no venga y, a parte del disgusto inicial, esta aventura hace de Dialamkoto un sitio más especial aun. Toda la comunidad sabe que es un sitio mágico y, tras conocer la verdadera historia, mirar el terreno lleno palmeras, árboles de granada, papaya, guayaba y sandías hace que la boca te sepa a dulce armonía.


Yaakamti ag gaawantu lugnu jur rethiou am thia yoon / “La impaciencia y la prisa solo generan arrepentimiento”


María y Samba estuvieron cuatro meses viviendo en la jaima mauritana mientras construían su hogar y las tres casas independientes enfocadas a acoger a aquel que quiera visitar este paraíso. Trabajando día a día para despejar el terreno el resultado ha quedado espectacular. Con un huerto infinito, un pozo, placas solares, un tanque de agua elevado, miles de flores y pájaros de colores. La luz que se aprecia en este lugar no se puede comparar con nada.


Las casas que ha diseñado María están pensadas para aprovechar toda esa luz mágica, con unas mosquiteras súper bien puestas (creedme que esto es importante), unos cuartos con camas doble muy cómodas y unos baños al aire libre que nos dejaron enamorados. Nadie suele visitar un sitio y apreciar lo bonito del cuarto de baño, lo sé. Pero os puedo asegurar que al disfrutar de los baños de Dialamkoto sientes que estás en el paraíso. La ducha es al aire libre, con muchísimo espacio e intimidad, rodeado de flores y maderitas. Es de lo más limpio y apetecible que he visto en el país, con un lavabo de calabaza y una luz preciosa para cuando anochece.


Al pisar Dialamkoto te entran ganas de no querer salir nunca de ahí, ni siquiera a la tienda de Diannah a comprar agua y tabaco. Pero el paisaje y las historias aledañas merecen tanto la pena que hay que salir a explorar. El río que se ve a lo lejos desde Dialamkoto es un vergel lleno de pájaros y animales que lo visitan para refrescarse. Al estar cerca del mar es de agua salada y, sorprendentemente, podemos encontrar cocodrilos y reptiles de agua dulce que transitan a sus anchas.



Las vistas desde Dialamkoto

Bañarse es seguro ya que los animales están muy bien alimentados en su hábitat. “Un tentempié de ‘humano’ no es nada comparado con el alimento que puedan encontrar a su alrededor”, así me lo explicó un amigo local mientras le contaba con miedo que no quería bañarme por si acaso. La gente de la comunidad se baña, pesca y hace vida en el río. Dentro de poco Samba construirá un puente entre los manglares para que se pueda llegar vía directa desde Dialamkoto. ¡Qué ganas de volver para ver cómo ha quedado!


Bu niam tégué, ku fékké ci nga / “Si se sirve la comida, todos los presentes están invitados”


Este no es el único avance que tengo que ganas de visitar al volver. Resulta que Samba es un maravilloso cocinero y en unos meses habrán terminado la construcción de su propio restaurante en Dialamkoto.


El día que llegamos nos agasajó con unas broquetas de pescado a la brasa con arroz y ensalada. Puede sonar simple, pero la salsa secreta que acompañaba el plato hizo que casi se me saltaran las lágrimas de ‘felicidad gustativa’. Viajábamos al día siguiente, pero nos quedamos. Tras degustar esa comida no pudimos más que acompañar a Samba a Kafountine a la mañana siguiente para descubrir sus secretos desde el principio, con la compra del pescado en el mercado a pie de playa, hasta su preparación en la cocina.


Ese día cenamos pescado marinado con salsa de mostaza, lima, ajo, pimienta y sal. Confieso que he intentado hacer la receta en mi casa, pero no es igual y nunca conseguiré acercarme ni un poquito. Y es que platos tan especiales solo pueden conseguirse con una buena historia detrás.


Samba aprendió a cocinar con su abuela. No es muy común encontrar un hombre que cocine en Senegal y es que lo lleva en la sangre desde sus inicios. Cuando cumplió ocho años, su abuela le enviaba a la tienda a comprar ingredientes, él le ayudaba a encender el hornillo de carbón y esperaba pacientemente observando y pasándole los alimentos mientras ella cocinaba. Con ella nunca pudo cocinar ya que es algo que siempre le toca a las mujeres y niñas en Senegal, pero él se quedó con el recuerdo grabado, ¡y tanto!



Samba, el mejor cocinero de Senegal

Un poco más mayor, junto a sus amigos en Sant Louis, cada uno robaba un puñado de ingredientes (uno arroz, el otro aceite… ¡y hasta una cabra!) para que Samba la cocinara acordándose de las recetas de su abuela. Así es como decidió que iba a ser cocinero. Y no uno cualquiera, probablemente sea el mejor cocinero de Senegal (togou kat bu mag ci Senegal!).


Os animo a visitar Dialamkoto y su restaurante, aunque no hagáis noche en ese pequeño paraíso merece la pena regalar semejante placer al paladar. Os aseguro que no os va a decepcionar.


Ku la abal i tànk, nga dem fa ko neex / “Si alguien te presta piernas, vas donde quieras”


Sin querer he vuelto a Dialamkoto y su pequeño paraíso de anacardos y árboles frutales (cuando os digo que no querrás irte cuando llegues es por algo), pero en los alrededores a Dialamkoto hay una belleza inmensa difícil de describir. Cerca del emplazamiento se encuentran las Karones. Son dieciséis islas íntegramente dedicadas al cultivo de cannabis donde dicen que existe magia.


Cuenta la leyenda que son lugares custodiados pos espíritus malignos que brindan desgracias a quien visita el lugar con malas intenciones. En una ocasión, unos gendarmes entraron para desmantelar los cultivos y cada uno sufrió grandes catástrofes. Es por ello que la Policía no entra nunca en estas islas. Si os pica la curiosidad podéis hablar con Samba y María para que os ayuden a llegar hasta allí.


La mayoría de karoninkes (los habitantes de estas islas) son cristianos, pero algunos quedan todavía que son animistas y practican el marabutash (también conocido como ‘yuyu’). A nosotros no nos dio tiempo y está en mis planes volver para conocer ese lugar. Pero recordad, hay que ir con buenas intenciones y mucho respeto hacia las comunidades que allí viven, si no los malos espíritus os castigarán con desgracias futuras.


Otro de los misterios mágicos que podemos encontrar en Dialamkoto es el kankurán. Todas las comunidades de Senegal y Gambia tienen un hechicero que cuida a las personas de los malos espíritus. Nadie sabe quién es, pero aparece en las grandes concentraciones (bautizos, funerales, bodas, reuniones comunitarias…) para alejar las malas energías. Los kankurán se visten con un traje de pelo con muchos flecos y un color vivo, siempre van con dos machetes enormes en la mano que hacen chocar haciendo un ruido metálico que pone los pelos de punta. No os voy a mentir, impone un poco y no hay que acercarse.


La primera vez que Samba vio al kankuran llamó a María para decirle que cancelaban el proyecto. El miedo y la impresión de la primera vez que ves a este hechicero son muy fuertes. Pero luego entiendes que es una persona de la comunidad que guarda una tradición ancestral de manera inofensiva.



El kankurán de la isla de Carabanne

Al parecer, el kankurán de Dialamkoto es un hechicero difícil y si te acercas puedes correr peligro (dicen que una vez atacó a un profesor que iba en bicicleta porque se acercó demasiado). Pero si no te acercas es una belleza ver cómo se mueve con ese traje y esos machetes, bailando de un lado a otro ahuyentando las malas energías. Cuando María y Samba eligieron el nombre de Dialamkoto no fue por casualidad, y es que es un lugar encantado lleno de magia por todas partes.


Ku xeebul sa nguur di buur / “Quien está satisfecho con su suerte es el rey”


María y Samba no viven solos. Les acompaña Buba, un joven de Guinea Bissau que llegó para ayudarles a construir y se quedó formando parte de la familia para siempre. Con una sonrisa tímida, pero espectacularmente bonita, Buba siempre está dispuesto a aprender cosas nuevas. Amante del arroz por encima de todas las cosas le llaman cariñosamente thiebo (‘thieb’ significa ‘arroz’ en wolof).


Me quedo con ganas de escribiros la historia de María en Kafoutine, su relación prohibida con los niños y los marabúes. O su pasado musical como miembra de los Blancs Wutan ¿os suena el grupo Lágrimas de Sangre? Estas son historias impublicables que tendréis que preguntarle cuando estéis disfrutando de Dialamkoto a la sombra de un cajou bebiendo una Flag o una Gazelle (cervezas típicas de la zona).


Ella trabaja en una ONG catalana, pero ya ha iniciado su propio proyecto llamado Kakolum trabajando con mujeres rurales, apoyándolas para empoderarse a través de cultivos y gestión de tierras. Kakolum tiene como objetivo recoger sus problemáticas, generar alternativas y dar forma a proyectos que contribuyan a mejorar la calidad de vida de las comunidades de la región. Este es un proyecto precioso del que os hablaremos en otro artículo.



Un día tranquilo en Dialamkoto

El próximo avance en Dialamkoto, junto al restaurante de Samba, es instalar una piscina que ya está en marcha. ¡Una piscina! No me puedo imaginar lo relajante que debe ser refrescarse en ese paraíso escuchando el sonido de los pájaros y cigarras frotando sus alas al calor de la época seca.


Sin duda podría seguir escribiendo muchas líneas sobre Dialamkoto. Pero como dije al principio, hay que visitarlo para comprender la magia. Si te gusta viajar con animales, éste es el sitio ideal. No siempre podemos sacar a nuestros amigos peludos de casa. Pero en Dialamkoto, aparte de Dexter, podemos encontrar a Lluna y Negan que ayudan a cuidar la casa y son dos perros excepcionalmente cariñosos y mansos.


A finales de diciembre se celebra el festival de música de Abene. El plan perfecto para conocer la cultura senegalesa en todo su esplendor. Si eres de los que huye de las Navidades tradicionales de luces y regalos capitalistas, este es un plan perfecto que se puede hacer en familia, en pareja o solo/a sin ningún problema.


Dialamkoto es uno de esos sitios remotos donde BWBP llega para contaros lo impresionantemente bello que es el planeta tierra. Volveremos pronto, ¿nos acompañas?


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UNA HISTORIA DE MARTA TREJO LUZÓN, periodista freelance especializada en cooperación y política internacional. @martatrejoluzon

Fotografías de Ángel Álvarez de Lara y Marta Trejo

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