KAKOLUM o el arte de dejar huella.


María, junto a algunas mujeres integrantes del proyecto del huerto comunitario

En Be Wild Be Proud queremos ver y transmitir lo que vemos de una forma ciertamente particular. Si lees nuestras crónicas, conoces a nuestro equipo o te “enganchamos” en algún lado, te insistiremos en una serie de principios que queremos que sean nuestro motor a la hora de trabajar. Una de las más importante es nuestra noción de entender nuestro mundo con una mirada humana. El mundo que conocemos lo construyen las personas. Es por ello que nos parece de vital importancia poner a las personas en el centro de nuestro trabajo. Una de las cosas que más me gusta de escribir y contar las cosas que conocemos en nuestros viajes es poner un nombre y una cara a aquello que quiero transmitir. Y este artículo no será diferente.


Cuando llegamos a Diannah desde Dioloulou, el cuerpo se nos descontracturó como si de un viejo muñeco de madera se tratase. Moverse en minibús es la opción preferida del viajero, aunque no sea la más cómoda. Nuestro conductor tuvo que parar dos veces a preguntar la localización exacta de Diannah y no cabía en su estupefacción cuando le aseguramos (gracias al GPS, la verdad…) que sabíamos dónde ir. Como si una visita a la familia se tratase, Buba (amigo de María y Samba) nos recogió en el apeadero de Diannah y nos guio por el sinuoso camino que separaba la carretera dirección a Kafountine de Dialamkoto, el hogar de María y de Samba.


Ya hemos adelantado en otro artículo el paraíso que han construido María y Samba en Diannah/Kafountine. Por si no lo hubieras leído, te recomiendo empezar por él (https://www.bewildbeproud.com/post/dialamkoto-senegal) y continuar, si así lo deseas, por este artículo.


Marta y yo llegamos a este lugar con la intención de realizar un vídeo y un reportaje sobre el proyecto de Samba y María; no obstante, cuando nos fuimos de allí nos dimos cuenta de todo lo que había que contar, y decidimos separar estos dos artículos: uno sobre Dialamkoto y otro sobre Kakolum.

Entre charlas con esta atípica pareja, nos dimos cuenta de que son dos personas que han dedicado su vida a prestar su trabajo para mejorar la vida de los demás, formando parte de diversos proyectos y que se esfuerzan por empoderar y potenciar el desarrollo de las comunidades de Diannah y Kafountine. Es de esta forma cómo nace Kakolum, un proyecto propio y conjunto de Samba y María que, a día de hoy, ha ayudado a acceder a medios de empoderamiento a más de 220 personas (estimaciones solo de beneficiarios directos). Kakolum significa la huella que dejamos al andar sobre (en diola).


El Proyecto


Como personas con recorrido en la cooperación internacional oficial, María y Samba han podido ser testigos de algunas de las carencias de los sistemas de ayuda a los pueblos y comunidades. La financiación de estos proyectos vía grandes donantes, a veces, puede dar lugar a fijación de intereses o mala gestión de los fondos (incluso la malversación y la corrupción). Así nace Kakolum, como respuesta ante algunas de las “malas praxis” que se dan en el entorno de la cooperación. “En ocasiones se tratan los síntomas sin trabajar profundamente en las causas y, además, se hace desde una óptica euro-centrista que impide encontrar soluciones 100% adecuadas al contexto y a las personas a las que van destinadas” nos cuenta María; por eso “dedicamos tiempo a sentarnos con la gente del pueblo, a escuchar, a recoger sus inquietudes y conocer su historia para que todo lo que hagamos tenga sentido y sostenibilidad una vez hecho”


El proyecto se nutre de iniciativas sociales que apoyar con un enfoque social en la juventud y las mujeres. María considera vital “trabajar junto a las asociaciones locales, principalmente, para recoger sus problemáticas, generar alternativas y dar forma a proyectos que contribuyan a mejorar su calidad de vida”, ya que esto asegura un mayor grado de integración de la iniciativa con el entorno al que se dirige. La diferencia es el fin con el que se diseña el proyecto, ya que “Kakolum es solo una herramienta” mediante la que “emprender los primeros pasos de un largo camino”.


Este es, en mi humilde opinión, uno de los factores diferenciadores de Kakolum frente a otras iniciativas que se realizan sin contar con esa, tan vital, contraparte local. Un proyecto que nace en unos despachos de ciudades lejanas a la realidad que viven las comunidades a quienes tratan de ayudar, descuidando la contraparte local. La apropiación del proyecto por parte de quienes lo necesitan (ya desde la fase de la iniciativa de hacer algo para cubrir una necesidad) es la clave para asegurar la supervivencia de este mismo.


Kakolum ya ha recabado sus primeros éxitos bajo la forma de una sinergia entre una empresa catalana de fabricación de esparto y un grupo de 25 mujeres (Asociación Jamooral) con las que Kakolum trabajó y a quienes acompañó para fortalecer nuevas técnicas y desarrollar un empleo digno.


Los objetivos del proyecto, poder doblar el salario medio de una mujer en el sur de Senegal, se cumplieron con éxito, llegando a generar réditos para estas 25 mujeres de hasta tres veces por encima de la media. Dotar de empleo digno a las mujeres de la comunidad aumenta las posibilidades de desarrollo económico y familiar reduciendo la tradicional dependencia en Senegal de las mujeres hacia sus parejas (hombres). Dar un espacio a las mujeres para emplearse y contribuir a la economía mejora las condiciones de vida de las hijas e hijos y los beneficios se revierten sobre toda la comunidad.


Me permito hacer otro inciso para destacar este último punto; como otro de los pilares que destacan en el proyecto, al comenzar el trabajo con las mujeres, se generalizan los beneficios del proyecto, llegando estos a sectores más amplios de la comunidad que si trabajases con los hombres. No es una cuestión de género, si no de practicidad y eficiencia de los recursos que se utilizan para alcanzar los objetivos, como explicaré más adelante.


Hoy en día Kakolum está en pleno auge de actividades. Se llevó a cabo, junto con la Fundación Ramón Molins, la construcción de un complejo de trabajo agrícola comunitario para la asociación de mujeres Jamooral en el barrio de Kabar, en Kafountine. Esto conlleva el cercado de un terreno cedido a la asociación, la construcción de dos pozos, la instalación del sistema de canalización y de bombas solares, la adquisición de las herramientas necesarias y la formación de las mujeres en permacultura y agricultura sostenible.


Tras el éxito recabado por este proyecto, Kakolum ha conseguido captar la financiación necesaria para otros dos huertos comunales más y siguen, aun hoy, en estrecha relación con la asociación Jamooral para colaborar en futuros proyectos. Su más reciente intervención se ha centrado en la lucha contra las violencias machistas en Kafountine, junto a las Asociaciones de jóvenes locales. Allí pudo estar acompañando a Kakolum Nacho Pamies Massó, fundador de Be Wild Be Proud y quien nos presentó a María y a Samba.

Eventos organizados por la Asociación de Jóvenes y Kakolum.

Las bases


María y Samba tienen claro que Kakolum no es una ONG al uso, sino más bien un catalizador de oportunidades para las personas que rodean los proyectos. En palabras de María “Kakolum surge de la estima que genera el contacto diario y prolongado con la gente de un lugar, concretamente de la gente de Kafountine y los pueblos de alrededor, como Diannah o Abene. (…) Kakolum nació con el objetivo de trabajar la cooperación de manera diferente, total y directamente desde terreno y dando prioridad a las necesidades reales expresadas por las poblaciones locales más que desde los requisitos que se marcan desde despachos europeos.


Las mujeres toman una relevancia especial en los proyectos que gestionan, especialmente por el enfoque universalista que reportan los beneficios cuando se empodera y se trabaja con las mujeres de las comunidades de Kafountine y Diannah. Según María, “el 90% del trabajo que generan los huertos los realizan las mujeres”, aunque los beneficios de los mismos son compartidos por hombres y mujeres. “De esta forma podemos asegurar el éxito de los proyectos” ya que, por una parte, se apuesta por el empoderamiento de la mujer y, por otra, se asegura la generalización de los efectos positivos, los cuales alcanzan casi la totalidad de la comunidad.

Dos mujeres participan en las jornadas contra la violencia de género

También tienen previsto comenzar trabajos con jóvenes, tratando de ligar juventud, ecologismo y empleo digno. El proyecto prevé revertir la situación de contaminación de plásticos de Senegal en una oportunidad de empleo, empoderamiento y emancipación de jóvenes de la comunidad de Kafountine y Diannah.

María pone mucho énfasis en que los proyectos se diseñan desde la iniciativa de personas locales, pues estas son el motor de los proyectos, evitando uno de los mayores problemas de la cooperación al desarrollo: la desconexión entre los diseñadores del proyecto y la comunidad a la que implica. La idea es la siguiente: se genera una red local de gente con iniciativas propias, y estas son aglutinadoras de los proyectos que Kakolum tomará, pasando todas estas personas a formar parte de la junta directiva de la asociación.


El Lodge que María y Samba han levantado en Dialamkoto está adherido a Kakolum, por lo que no es solo turismo: los beneficios que obtienen de la explotación del alojamiento sirven para dar autonomía y sostenibilidad a los proyectos de Kakolum. De esta forma, María y Samba buscan crear una independencia para Kakolum, que asegure la continuidad en el tiempo y la calidad del trabajo. Desde Be Wild Be Proud queremos también incidir en la necesidad de cambiar los parámetros del turismo tradicional, poniendo un énfasis en el impacto (positivo) que deja la huella del viajero. Por eso nos sentimos especialmente “enganchados” por esta idea: el turismo como forma de entender el mundo empoderando iniciativas locales sostenibles.


Un día con Samba en Kafountine


Aunque haya hablado menos de él, este proyecto no puede entenderse sin Samba. María ha insistido varias veces en la importancia de Samba y su pericia para rodearse de buena gente para la supervivencia y el desarrollo tanto de Kakolum como de Dialamkoto. El segundo día de nuestra estancia, Samba nos llevó a Kafountine para mostrarnos como es la vida en esta comunidad del extremo noroeste de Casamance. Samba habla en un casi perfecto castellano que remata con francés. El paseo comienza por la mañana, saliendo del remanso de paz que proporciona Dialamkoto, en dirección a la carretera.


Aquí mucha gente conoce a Samba; según nos acercamos al pueblo, donde la vida comienza a ser frenética, mucha gente se para a hablar con él. No es de aquí. Aunque parezca mentira Samba es de Saint Louis y se mudó aquí con María en busca de más tranquilidad. Y aun así se hizo con un hueco en los corazones de las personas de esta comunidad en muy poco tiempo.


Esas pequeñas diferencias marcan grandes saltos cualitativos entre quienes vienen, realizan su proyecto y se van; y quienes viven entre las gentes a las que se dirige un proyecto. Samba es de esas personas que al hablar sientes la conexión que tiene con su entorno y la gente que tiene alrededor. Nuestra salida a Kafountine tiene un objetivo claro: ir a por el pescado que esta noche vamos a cocinar. Solo en el camino hasta el marché aux poisson del pueblo Samba nos presentó varios artistas locales cuyas manos realizan en un proceso incesante de creatividad muchos de los objetos entre los que los turistas escudriñan su próximo souvenir. De entre ellos me quedo con Issa, una persona llena de color que nos recibió con los brazos abiertos, después de hablar durante un largo rato de las bondades de Samba y María.


No puedo expresar con total claridad el cuidado que puso Samba a la hora de escoger el pescado que haría de nuestra cena. Para él, cocinero de primera categoría, cada detalle del proceso es vital para obtener un buen resultado a la hora de cocinarnos como sus invitados. Es ese exceso de cariño y atención al detalle el que percibo cuando, de vuelta a Dialamkoto, Marta y yo seguimos con nuestra entrevista con María (y ocasionalmente Samba cuando sale de la cocina).


Una de las piezas centrales que da sentido a todo cuando hablan de Kakolum es su afán por cumplir sus sueños, poniendo todo el cariño, su atención y conocimiento al servicio de los que son compañeros, amigos, vecinos y beneficiarios del proyecto.

Samba en el Marché Aux Poisson eligiendo los ingredientes más frescos para la cena

Un “hasta pronto”


Aunque unas líneas no pueden hacer justicia a todo lo que vivimos junto a Samba y a María, me he desempeñado por encontrar las palabras exactas para que sintáis lo que siento y penséis en lo que pienso. Siento un eterno agradecimiento a María y a Samba por abrirnos su casa, su proyecto y su corazón. Siento un tremendo respeto por Senegal, Casamance y Kafountine, lugares llenos de magia, misterio y grandes sonrisas para quien viaje con la mejor de las intenciones. Siento la necesidad de insistir en que existen formas distintas de vivir, haciendo el bien en nuestro entorno más inmediato, vayamos donde vayamos.


Pienso que si has llegado hasta aquí leyendo es porque también piensas cosas así. Por eso a estas alturas me veo obligado a pedirte que no pares. Que si crees que puedes o quieres cambiar el mundo lo hagas. Que te inspires en las personas, como María, Samba y las gentes de Diannah y Kafountine me han inspirado a mí. Te pido que seas una persona curiosa y no dejes de leer, pensar, debatir y viajar y que, si por casualidad el mundo y tus pasos te llevan hasta el sur de Senegal, visites Dialamkoto, conozcas Kakolum y, quizás, tengas tu propia historia que contar sobre este lugar. Inshallah nos conozcamos allí, ¿nos acompañas?


Podrás encontrar más información sobre Dialamkoto y Kakolum en sus redes sociales y en su página web.


https://www.facebook.com/dialamkoto/

https://www.instagram.com/dialamkotolodge/

https://www.instagram.com/kakolum_ong/

https://www.kakolum.org/

https://www.facebook.com/kakolum/



Texto: Ángel Álvarez de Lara y Marta Trejo Luzón.

Fotografías: Kakolum, Marta Trejo Luzón y Nacho Pamies Massó

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