top of page

Primera expedición Senegambia: 2 países, 12 días y 14 personas

Actualizado: 24 ene

Y llegó el día. Esta es mi segunda experiencia como viajera con la familia Be Wild Be Proud ni más ni menos que a Gambia y a Senegal. Sinceramente antes de conocer a este pedazo de equipo nunca pensé que algún día viajaría a estos destinos y ahora no me imagino un año sin dejarme enamorar por esos países “lejanos, desconocidos y ¿peligrosos?” que la mayoría de gente con la que me rodeo día a día piensa que son sus principales adjetivos.

En este humilde recopilatorio de la aventura a Senegal y Gambia me gustaría transmitir los adjetivos con los que definiría a estos dos países maravillosos que para nada siento lejanos, desconocidos o peligrosos.

Dia 1: Banjul - Brufut

Catorce personas, doce días y dos países. Después de la primera toma de contacto de todo el equipo de viajerxs en Barcelona el "african style" ya empieza a invadirnos durante todo el vuelo debido a la emoción de aterrizar cuanto antes en Gambia y comenzar la aventura.

El primer gele gele nos recoge en el aeropuerto con nuestros macutos en lo alto de la furgoneta al más puro estilo africano. No podemos dejar de hablar los unos con los otros, tenemos tantas ganas de compartir que el tiempo se nos queda corto. Uno de nuestros primeros amigos, Sana, nos va contando curiosidades de Gambia mientras percibimos en su mirada su alegría de tener a este grupo de tubabs locos en su furgoneta.

Después de llegar al hotel, descargar las mochilas y recibir un precioso regalo de dos camisetas Be Wild (Senegal Special Edition) disfrutamos de la primera cena ambientados por el espectáculo de unas hormigas voladoras (enormes) de efímera vida que protagonizarían la decoración a la mañana siguiente.

Realizamos el primer Ágora del viaje poniendo en común las expectativas que tenemos de los dos países que vamos a conocer, resumidos en los mensajes de tocar realidad, despojarnos de la idea de que África es un país y dejarse llevar y conocer realmente su diversidad. Queremos conocer por qué Senegal y Gambia son Senegal y Gambia.


Gambia huele a leña, a carbón, a gasolina mal combustionada y agua estancada… Algunos dirán que "qué ganas de que se te meta en la pituitaria ese extraño perfume" pero al final te das cuenta que forma parte del encanto.

Ha sido un primer día lleno de emociones y esa noche hubo dos bandos del sueño: los que cayeron como abuelitos después de una buena comilona y los que chuparon techo especulando sobre los efectos secundarios del Malarone. No voy a decir qué grupo se levantó más fresco al día siguiente…



Día 2: Bufrut - Banjul

Nos hemos levantado muy pronto, caninos y con muchas ganas de desayunar: tostadas, café y huevos duros son los ingredientes que nos dan las primeras energías para el día. Hoy visitaremos Banjul, la capital de Gambia, conoceremos su caos y su bullicio y actividad en profundidad. Nos ha abrumado el ambiente del mercado no muy popular entre los visitantes de la zona. La mezcla de olores a pescado podrido, polvo y mar junto con la humedad constante hacen que no quieras estar mucho tiempo dando vueltas por la caótica ciudad. Pero comentábamos antes… Tiene su encanto.

Nuestros colegas Sana, Karl y Pairo nos han llevado a una iglesia cristiana, lo que denota la gran tolerancia religiosa y la buena convivencia de creencias. También hemos degustado el elixir de Gambia: los anacardos (o kasu kasu), todo un manjar.

Después de pasar un buen rato en el mercado Albert de artesanos, nos tomamos algo en Kotu Beach, típica casa alta de madera con vistas al horizonte. Todo un lujo, de hecho nos sorprendió encontrarnos con la madrileña marca Mahou entre la popular Gazelle de la zona.

Nos dirigimos a casa de Batuwo y su familia, amigo de la familia Be Wild en sus primeras expediciones a Gambia. Batuwo acaba de ser papá y Nacho y Ángel no querían dejar pasar la oportunidad de volverle a ver. Ha sido todo un placer que nos acogieran en su casa, pues hemos podido conocer de primera mano el día a día de una familia gambiana. Sus sobrinas Fatou y Famita no han parado de jugar con nosotros. Las hermanas de Batu han preparado un delicioso arroz con pollo y yuca y lo han transportado ni más ni menos que en una nevera de playa.

Después de una buena charla, café bien aguado y leche de lata hemos puesto rumbo de nuevo a Brufut para contemplar el atardecer en su playa acompañados de un grupo de rastas que han tocado el djembe para nosotros logrando que ese momento no pudiera ser más auténtico.

Para poner la guinda al día, y para quitarnos un poquito la sal, ya de noche nos dimos un baño en la piscina de colores antes de cenar unas pizzas rodeados del sonido que nos regalaban las gargantas de los sapos.




Día 3: Serekunda- Diannah

Hemos salido de Bufrut dirección Serekunda para visitar a Edrissa y su familia. Los sanitarios del grupo han tenido la oportunidad de conocer un hospital gambiano por dentro mientras los demás negociábamos el precio del mango y los plátanos bajo una llovizna que se convirtió en tormenta. Edrissa nos ha invitado a su casa con su familia a charlar y a comer. Hemos intercambiado dudas sobre nuestras culturas, hemos bailado y sudado juntos y nos lo hemos pasado realmente bien.

Nos despedimos eufóricos de Edrissa y compañía poniendo dirección a la frontera de Gambia / Senegal y nos despedimos de los que han sido nuestros primeros colegas / conductores hasta ahora.


Mirando por la ventana nos llama la atención cada detalle que nuestros ojos son capaces de percibir: una mujer con un bebé a la espalda, una maleta en la cabeza y hablando por el móvil todo al mismo tiempo, un grupo de niños jugando al pilla-pilla entre los coches, o un anciano contemplando un punto fijo como entrando en trance.

Control de pasaportes, sellos y cruzamos a pie la frontera cambiando de vehículo hacia el hotel Dialamkoto Lodge y casa de María y Samba, una pareja española senegalesa fundadores de la función Kakolum en Diannah. El sitio es idílico: naturaleza en estado puro, piscina, cabañas y camas con mosquitera, suelos de conchas marinas, por no hablar de la ducha y el water al aire libre: ¿¿a quién no le gusta hacer caquita escuchando el aleteo de las mariposas en medio de la selva senegalesa en un water??

Hemos hablado muchísimo sobre sus proyectos, entre ellos el documental "Traces" que vimos en diciembre en su estreno en Madrid. Samba es un gran cocinero y tuvimos la suerte de catar sus dotes culinarias durante tres días. Primer plato: pinchos de rape con patatas y helado de pistacho de postre.

No puedo explicar el ruido tan agradable que se escucha por la noche en un lugar tan idílico y especial. Sientes que el ciclo no para, que las criaturas del día dan paso a las de la noche y que si prestas atención el ambiente puede contarte magníficas historias.

Día 4: Kafountine

Nos hemos levantado en el paraíso y hemos desayunado todos juntos huevos de codorniz, mermeladas caseras, pan y jugos de hibisco y baobab. Desayuno de campeones que no nos importaba alargar lo que hiciera falta.

Hemos andado sin darnos cuenta casi 13 km pasando por el pueblo de Diannah hasta el pueblo de Kafountine acompañados de Dame, quien nos iba aterrizando en aquella zona mientras resolvía todas nuestras dudas sobre la cultura senegalesa. Nos hemos bañado en el mar, bebido unos cocos bien ricos y hasta visto un delfín varado pasto de los buitres. Ha dado tiempo hasta de tomar un tentempié de paté escondidos en un refugio.


Pero lo que nos ha sorprendido más sin duda ha sido el mercado. Se sitúa justo en la orilla: el pescador se lo da al mercader y el mercader lo vende a menos de 5 metros del mar. Hemos alcanzado a ver los cayucos y visto a la gente trabajar en ellos.

Comemos en Chez Paul como si no nos hubiesen dado de comer en una semana.

Hemos tenido una sobremesa muy muy interesante hablando sobre la ablación femenina con María que nos ha dejado un poco tocadas sobre la triste realidad que viven muchas niñas en países como Senegal sobre todo en las zonas rurales.

De camino al nuevo al paraíso de Dialamkoto, Samba nos gestiona unas motos con carro (nosotros íbamos en el carro, donde suelen meter a las ovejas) para el camino de vuelta. Estábamos como niños en un parque de atracciones y recorrer así el camino de vuelta fue mágico.

Al llegar nos hemos bañado en la piscina, bailando y riéndonos a más no poder. Continuando con el tema de la ablación femenina y los derechos de las mujeres: hemos tenido el placer de conocer y hablar con la Touriya, la bayengó del pueblo, quien es la figura protectora de las mujeres y a quien acuden cuando tienen un problema.

Día 5: Diannah

Nos levantamos y degustamos de nuevo el increíble desayuno con varios tipos de zumos y batidos locales. Samba no para de sorprendernos. Hoy toca sesión Máster Chef y para ello hacemos dos grupos para ir a comprar al mercado de Diannah con un presupuesto justo para comprar los ingredientes y preparar el plato local: thieboudieune.

Con una hoguera y una olla tradicional empezamos a lavar, preparar y limpiar los ingredientes todos juntos para ir introduciendo paso a paso lo que hemos comprado en el mercado a las órdenes del chef Samba.

Está lloviendo a cántaros y es un privilegio poder estar cocinando, intercambiando conversaciones increíbles y bañándose a ratos en la piscina para sofocar el calor húmedo de la zona. La estampa es preciosa.

¡La comida está lista! Samba y Dame preparan tres platos enormes y comemos con las manos en grupos de 5 al más puro estilo senegalés. Toda una experiencia.

Después de un café, empiezan a llegar jóvenes senegaleses del pueblo para realizar un intercambio cultural de lo más completo. Tras una dinámica de presentación, nos separamos en grupos de chicos y chicas para que a ellas les resultase más fácil hablar con nosotras. Al principio estaban muy tímidas pero poco a poco y haciendo ronda de presentaciones empiezan a soltarse hablando de estructura familiar, el rol de la mujer en Senegal y sus aficiones y sueños. A esto nos referimos cuando decimos que viajamos desde dentro: conociendo de primera mano el país a través de sus gentes.


Algunos nos escapamos a la cabaña para descansar de lo social un poco y procesar lo que habíamos vivido. Cuando empezamos a escuchar los tambores nos movemos para ir a la casa donde un grupo de percusión senegalesa ya se ha colocado para tocarnos su música.

Bailamos como locos sintiendo la música e imitando los movimientos de los locales. Perdimos como 800 calorías sudando como cerdos. Algunos hasta se tiran a la piscina con ropa. Cómo sentó una duchita bajo el cielo eléctrico de aquella noche que la naturaleza nos estaba regalando.

Vamos a cenar y Samba nos prepara pescado rey al horno encima de unas hojas de platanero con verduras, yuca y patatas. ¿Se puede pedir más? No tardamos nada en irnos a nuestras habitaciones pues el día ha estado cargadito de emociones.

Día 6: Ziguinchor

Hoy con mucha pena hemos terminado nuestra convivencia en Dialamkoto. Algunas hemos madrugado más de lo habitual para pasear por la mañana y recorrer el camino al pueblo para comprar pan y agua para el día: 3 km por la mañana antes de desayunar y vuelta en moto con la compra.

Dos rancheras o set place son nuestros vehículos hacia Zuiginchor, la capital de Casamance. Volvemos al bullicio después de casi dos horas en coche, cantando y hablando. Dejamos las mochilas en el hotel separándonos al azar en parejas para las habitaciones. Nos vamos a dar una vuelta por el pueblo: mucho calor y mucho ruido. Paseamos hacia el mercado, hacia la estación y hacia el centro del pueblo. Visitamos una patisserie, la única en Casamance. Entre otras cosas, se nos ocurre la brillante idea de grabar unos vídeos a lo “madrileños por el mundo”. Mucha risa.


Volvemos a la zona del hotel y nos paramos en Chez Tina para ver el atardecer desde su terraza. Los pelícanos sobrevuelan nuestras cabezas y los manglares coronan el horizonte.

Día 7: Elinkine - Ille de Efranne

Durante este viaje el equipo de comunicación, Ángel más concretamente, nos ha estado grabando a cada uno para dejar en vídeo una especie de diario de abordo. Ha sido una manera chulísima y fidedigna de compartir nuestro viaje en tiempo real y con las emociones recién sentidas para que no se escapase ni un ápice de la experiencia.

Desayunamos y nos disponemos a jugar a una especie de Pekín Express: "Elinkin express". Hicimos dos grupos y cada grupo tenía 15.000 CFAS de presupuesto para llegar a esta ciudad antes de las 12 de la mañana. No voy a decir en qué equipo ganador estuve pero solo nos faltaron las cámaras grabando porque menudo espectáculo que dimos. Al llegar a la ciudad, una barca nos estaba esperando para cruzarnos a Ille de Efranne. Había un pez enorme a bordo que era parte de nuestra cena, de eso nos enteramos después.

Fue muy divertido llegar a casa de Mamadou y su familia, en ese terreno lleno de cariño y acogida. Dormimos en pequeñas casitas, entre ellas una en el árbol. Antes de comer paseamos por la orilla de la isla, bordeando los manglares y poniéndonos hasta arriba de lodo. Había muchos cangrejos y ostras con las que algunos se cortaron, eso también forma parte del encanto.


Comimos estupendamente bien y, después de la siesta en esas hamacas rollo Caribe, hicimos "la dinámica de los totems" (emoción a flor de piel). Es increíble como se le abre el corazón a la gente que viene a estos viaje. Solo por eso ya lo recomendaría con los ojos cerrados (espacio publi). Y más se nos iba a abrir el corazón cuando vemos aparecer a un chico en barca cantando a su llegada como si de un ritual se tratase. De momento solo sabíamos que era cantante y se llamaba Tony.

Dimos un paseo al atardecer, pescamos e intercambiamos conversaciones geniales mientras degustábamos unas gambas exquisitas.

Celebramos el cumple de las gemelas a la hora senegalesa que eran las 00 en España. Tony, dio un concierto increíble de música senegalesa alrededor de la hoguera. Bailamos, sáltamos y cantamos hasta que las últimas virutas de la hoguera aun estaban luminiscentes.


Repetimos mucho el adjetivo "mágico" en estos viajes, pero es el mejor para definir la sensación que te recorre el cuerpo cuando, sin darte cuenta, estás realizando un intercambio cultural en armonía con la música, la naturaleza y el estado de ánimo de las personas con las que estás compartiendo la noche. Dia 8: Ille de Carabane

Decidimos despertarnos en el momento justo antes de que saliera el Sol. Puede que sea una especie de manía pero, al igual que ver el atardecer en algún lugar especial del país al que viajas, ¿no os pasa lo mismo con los amaneceres? ¿Vosotros sois más de atardecer o de amanecer? ¿Preferís el ketchup o la mayonesa? ¿La mochila o la maleta de ruedas?

Volviendo al espectáculo... Después de ver el amanecer era demasiado pronto y los mosquitos dieron un poco de tregua por lo que nos volvimos a quedar dormidos en las hamacas de la entrada a las cabañas esperando la hora del desayuno.

Ya con la pancita llena, acompañamos a Mamadou a por gasolina y nos llevó en la lancha a pasear entre los manglares y la verdad, fue como sentirte en un documental de National Geographic: no habíamos visto más especies de pájaros juntas en nuestra vida.

Nos despedimos de nuestros compañeros de aquel día mientras nos acercaban a la Isla de Carabane, la segunda isla que vaciaron belgas, portugueses y franceses para exportar esclavos. Todo un enclave histórico.

Comemos y damos un paseo en busca de telas y vestidos africanos. El pueblo es un encanto. Es como una playa paradisíaca con árboles y arena blanca, lo único que falta es el agua azul turquesa, esta es un poco más color café. Descansamos en la playa y ejercitamos la mente con una dinámica de compartir en grupo gracias a nuestra compañera Miriam: conocernos, pensar acerca de los estereotipos de este mundo, compartirnos... En Be Wild nos gusta mucho hablar, así en plan de verdad, qué se le va a hacer.

He de decir que esa noche algunas compartimos el momento del baño pues había una serie de "criaturas" pequeñas y diversas habitando las esquinas de la habitación y oye, nos queremos y nos protegemos, no vaya a ser que a alguna arañita autóctona de Carabane le dé por anidar en nuestro pelo sucio.

Dia 9: Carabane - Dakar

Aquella mañana fue la definición perfecta de "llevar una vida contemplativa": cada uno hizo lo que le apeteció en cada momento: unos pasearon, otros leímos, otros escribieron, alguno que otro hizo la siesta del Angelus... pero la paz que teníamos era absoluta.

Estábamos listos para partir hacia la capital del país: Dakar. Previo paseo por la arena cargaditos con nuestros macutos embarcamos en el ferry en el que pasaríamos las próximas 12 horas. Nos dio tiempo de sobra a hablar sobre la inmensidad del océano Atlántico en este caso, comer y dormir. Toda una experiencia en la que aprendimos a lidiar con el mareo y los malos olores a la vez. Dia 10: Dakar

Despertamos con el ferry parado en el puerto de Dakar. Después de desembarcar con caras de sobados y mucha, mucha hambre esperamos hora y media a que a los queridos trabajadores del puerto nos dejaran coger nuestras mochilas: las únicas 14 perfectamente visibles entre pescados y cajas de fruta. Una curiosidad hablando de pescado: todos conocemos Mercadona y probablemente la mayoría de lectores hayáis hecho la compra alguna vez en alguno de sus supermercados. Su pescado viene directo desde Senegal, pues para este país la exportación de pescado es uno de sus principales ingresos comerciales.

Tocando a 3000CFAS por taxi alcanzamos Chez Agnes, un hostal peculiar regentado por una senegalesa y un holandés. Lo primero: ¡DESAYUNAR! Las patisseries son las reinas en la ciudad así que nos dividimos en dos grupos: mientras la mitad se duchaban (olíamos bastante a cerrado) la otra mitad compraba desayuno. Trabajo en equipo.

Ya volvíamos a ser personas para empezar a patear Dakar. Primera parada: el Instituto Cervantes. Allí conocimos a Javi, expatriado madrileño que lleva 15 años viviendo por países de África, quien nos enseñó el edificio, nos contó su historia y nos dejó caer que el origen del flamenco puede ser africano.


Continuamos andando hasta la "Cornisse" pasando por campus de universidades y paredes grafiteadas con todas las etnias africanas. Recorrimos el paseo marítimo y nos sorprendió la cantidad de gente que hacía deporte durante todo el día. Diversos mercados llenaron nuestros ojos de color y vaciaron un pelín nuestros bolsillos.


Acabamos el paseo en la plaza de la independencia, acabando en un bar australiano que decía ganarse la vida buscando oro. Bailamos como locos hasta acabar sudando porque nos dieron el control del Spotify. Ese día no sé cuántas calorías pudimos perder... Algunos de nuestros compañeros llevaban todo el viaje esperando este momento que sigue: la cena en Ali Baba. Este restaurante no es más que un Kebab pero al estilo senegales: mucha grasita y mucho chorreo, solo apto para barrigas fuertes. A algunos todavía les quedaban ganas para ir a ver un espectáculo de rap callejero.

Día 11: Dakar

Creo que después de este viaje la marca de antimosquitos RELEC nos habría ofrecido protagonizar su próxima campaña publicitaria: ¡qué cariño le hemos cogido a esos botes blancos y verdes!

Hoy toca empaparse de cultura africana y qué mejor sitio para hacerlo que: el Museo de las Civilizaciones Negras donde pasamos dos horas explorando geográfica y culturalmente cada país de este bello continente. Después fuimos a Kermel, un mercado tradicional de los más conocidos en el Plateau, donde compramos fruta y verdura para diseñar un picnic que degustaríamos en el patio del Instituto Francés de Dakar: pim pam pum bocadillo de atún.

Después de la tralla de la mañana, necesitábamos con urgencia un café de verdad, recalco de verdad, porque estábamos que nos caíamos (de hecho algunos cayeron en la cafetería en el más profundo de sus sueños). Café de verdad en Dakar = 4€; para todo lo demás: MasterCard.

Con cafeína en el body pusimos rumbo a la de la Divinité, vimos un pelícano herido y caminamos un poco más al norte para conocer a Seny, una chica senegalesa de 23 años que entró en Nostos África, un programa de formación y emprendimiento por el cual ha conseguido abrir su propia Boulangerie. Esperamos que te esté yendo genial Seny.

Nos disponemos a subir las tropemil escaleras hacia el Monumento del Renacimiento Africano. Se notaba el cambio de vestimenta en las personas de allí que lo visitaban, para que nos entendamos: era como el equivalente al Templo de Debod en Madrid. Este monumento de casi 50m hecho de bronce es el más alto del continente y representa la mirada hacia el futuro del pueblo africano. Nos hicimos muchas fotos y fuimos atracción de feria para los transeúntes locales.

Más tarde y, locos por conseguir una cerveza, cogimos nos taxis dirección Los Almadies, punta del paseo marítimo y espigón de Dakar. Cenamos pescado y patatas en un restaurante.

Dia 12: Dakar - Madrid

Nos levantamos, desayunamos y pusimos rumbo a la Isla de Goreé. El ferry estaba abarrotado de gente y la forma de subir y bajar era bastante rudimentaria. Esta isla es Patrimonio de la UNESCO y un verdadero lujo poder visitarla.


Subimos a lo alto de la isla, muy limpia, muy acogedora y muy pintada de colores.


Había muchos puestos de artesanos y, en alguna ocasión pudimos poner en práctica el arte del trueque. Nuestro Ágora final puso la guinda emocional a un viaje repleto de momentos que nunca olvidaremos. Todos lloramos un poquito y agradecimos el poder haber compartido este viaje juntos. Al final siempre podemos volver al lugar, pero nunca repetir el momento, por eso son tan especiales y únicos.

Despedimos a las primeras personas en partir hacia España, Ana y Andrea, y proseguimos el paseo por la otra cara de la isla antes de volver a Dakar. Al llegar decidimos comprar cena y compartir todos juntos la última noche en el hostal.


Al día siguiente partíamos hacia Madrid cargaditos de experiencias y recuerdos.

La conclusión y palabra final de este gran viaje sin duda es niokobok: estamos juntos. Porque hemos recorrido en torno a 1.000 kilómetros juntos. Hemos repetido la palabra “gracias” en varios idiomas muchas veces al día. Hemos reído mucho y llorado otro poco. Hemos estado abiertos de corazón y de mente. Nos hemos sorprendido del entorno, a nosotros mismos y con los demás. Nos hemos cuidado, mimado e intercambiado historias 25 horas al día y todo esto en tan solo 12 días que, hasta lo que yo sé, solo tienen 24 horas… imaginaos.

Esto es viajar a lo “Be Wild”, esto es viajar, crecer, disfrutar y llenarse de vida fluyendo y reconectando con lo de siempre, lo de ahora y lo que está por venir.

Sentiros orgullosos equipo @wildandproud porque, ¿qué es lo que no seremos capaces de hacer?



68 visualizaciones0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo
bottom of page